Vaginoplastia peritoneal: ¿por qué la usamos con tanta frecuencia?

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La vaginoplastia no es una operación estandarizada. Cada paciente llega con una anatomía distinta, unos tejidos disponibles distintos y unas expectativas propias, y todo eso condiciona qué técnica tiene sentido usar y qué resultado es razonable esperar. En Clínica 3 de Mayo llevamos años trabajando con distintos abordajes, pero en los últimos tiempos la vaginoplastia peritoneal se ha convertido en la que más utilizamos.

Quiero compartir aquí nuestra experiencia real con esta técnica, porque cuando una paciente busca información se encuentra con muchas descripciones genéricas de «cómo funciona» cada procedimiento, pero muy pocos datos concretos sobre cuánta experiencia tiene de verdad el equipo que la va a operar.

Nuestros números

Llevamos un registro de nuestra actividad quirúrgica desde 2023. Entre esa fecha y 2026 hemos realizado 170 vaginoplastias:

– 104 peritoneales

– 53 no peritoneales

– 13 colovaginoplastias

A esto hay que sumar algo que preferimos ser transparentes al explicar: sabemos que existe un subregistro de unas 20 vaginoplastias peritoneales al año que no quedaron reflejadas en esa base de datos. Si lo incluimos, la cifra real de procedimientos peritoneales en este periodo ronda los 184.

Podríamos haber dado directamente el número más alto, pero nos parece más honesto distinguir entre lo que está documentado y lo que estimamos. Más allá de la cifra exacta, lo importante es que esta técnica no es para nosotros algo puntual: es la que empleamos de forma habitual.

¿Qué aporta el peritoneo?

Reconstruir un canal vaginal requiere tejido suficiente, y no todas las pacientes disponen de la misma cantidad de piel genital. Ahí es donde entra el peritoneo: la membrana que recubre por dentro la cavidad abdominal. Mediante laparoscopia podemos utilizar ciertos segmentos de esa membrana para completar el revestimiento del canal, algo especialmente útil cuando buscamos una reconstrucción amplia y el tejido genital disponible es limitado.

La gran ventaja frente a otras opciones es que conseguimos ese tejido adicional sin necesidad de recurrir a un segmento de intestino. Pero esto no significa que sea siempre la mejor opción para todo el mundo: en cirugía reconstructiva no existe una técnica única que sirva igual para todas las pacientes. La decisión depende de la anatomía, de los antecedentes quirúrgicos y de lo que cada persona busca conseguir.

Sobre la profundidad

Es, con diferencia, la pregunta que más nos hacen en consulta.

Al terminar la intervención medimos el canal vaginal en quirófano, y habitualmente obtenemos entre 28 y 30 cm. Pero hay un matiz que consideramos importante aclarar siempre: esa cifra es la medición intraoperatoria, tomada justo al acabar la cirugía. No es una promesa de resultado a largo plazo.

Los tejidos siguen cambiando durante semanas y meses después de la operación. La cicatrización de cada paciente, su elasticidad individual y el cumplimiento del programa de dilataciones influyen directamente en el resultado final. Por eso preferimos hablar siempre de una medida intraoperatoria y no de una cifra garantizada.

¿Por qué no recurrimos siempre a la colovaginoplastia?

La colovaginoplastia —usar un segmento de colon para crear o ampliar el canal— sigue teniendo su lugar en la cirugía reconstructiva, sobre todo cuando hay una falta importante de tejido o en algunas cirugías secundarias. En nuestro registro aparecen 13 casos entre 2023 y 2026, un número claramente menor que el de las peritoneales.

Esto refleja simplemente nuestra práctica actual: cuando podemos conseguir tejido adicional sin incorporar un segmento intestinal a la reconstrucción, esa suele ser nuestra primera opción.

Lo que da la experiencia, más allá de los números

Repetir una técnica muchas veces no es solo acumular casos. Es aprender a anticipar las dificultades que pueden surgir durante la cirugía, reconocer las diferencias anatómicas entre pacientes y saber adaptar la estrategia sobre la marcha cuando algo no encaja como se esperaba.

Dos pacientes pueden venir a por la misma operación y tener condiciones anatómicas completamente distintas. Por eso en la valoración previa dedicamos tiempo a estudiar los tejidos disponibles, los antecedentes quirúrgicos y qué espera cada persona del resultado. La planificación, más que la técnica en sí, es lo que marca la diferencia.

El postoperatorio también es parte de la cirugía

Una vaginoplastia puede estar técnicamente bien ejecutada y aun así su evolución dependerá de cómo cicatrice cada paciente y de los cuidados posteriores. Las revisiones, el control de la cicatrización y el programa de dilataciones no son un añadido: son parte del tratamiento.

La dilatación ayuda a mantener las dimensiones del canal durante el proceso de cicatrización, y el protocolo se ajusta según cómo evolucione cada paciente. Por eso, cuando alguien está comparando centros, le recomendamos que no se quede solo con la duración de la operación o la profundidad conseguida. Merece la pena preguntar también cómo es el seguimiento después de la cirugía y qué ocurre si la evolución no va como se esperaba.

Preguntas que merece la pena hacer antes de operarse

¿Cuántas vaginoplastias realiza el equipo, y cuántas de ellas son peritoneales?

El volumen de experiencia con la técnica concreta importa más que el volumen total.

¿Trabajan también con otras técnicas?

Un equipo que solo domina una opción no siempre puede ofrecer la más adecuada para tu caso.

¿Esa profundidad es intraoperatoria o posterior a la cicatrización?

Son datos muy distintos y conviene saber cuál te están dando.

¿Cómo es el seguimiento después de la operación?

¿Qué pasa si aparece una estenosis, una complicación o una pérdida de profundidad?

Son preguntas razonables, y deberían formar parte de la conversación antes de decidir dónde operarte.

Preguntas frecuentes

¿Qué es una vaginoplastia peritoneal?

Una técnica de reconstrucción vaginal en la que se usa tejido peritoneal, obtenido por laparoscopia, para completar el revestimiento del canal vaginal.

¿Cuánta experiencia tenéis con ella?

104 procedimientos documentados entre 2023 y 2026, más un subregistro estimado de unos 20 casos anuales adicionales, lo que sitúa la cifra real cerca de 184.

¿Todas las pacientes consiguen 28-30 cm?

No podemos garantizarlo. Esa es la medición intraoperatoria habitual, pero cada anatomía y cada proceso de cicatrización son distintos.

¿Es mejor que otras técnicas?

No necesariamente. La técnica adecuada depende de cada paciente, y tener experiencia con varios abordajes nos permite elegir la más indicada caso por caso.

¿Hay que dilatar después de la operación?

Sí, habitualmente. Es parte del proceso de recuperación y ayuda a mantener el canal vaginal durante la cicatrización.

¿Se garantiza la sensibilidad sexual?

No, ninguna técnica puede garantizarlo. Depende de múltiples factores individuales.

Nuestra experiencia entre 2023 y 2026

—170 vaginoplastias, 104 peritoneales, 53 no peritoneales y 13 colovaginoplastias, con una estimación cercana a 184 peritoneales incluyendo el subregistro— es, sobre todo, el resultado de tratar a cada paciente como un caso distinto. La técnica se elige según la anatomía y los objetivos de cada persona, no al revés. En Clínica 3 de Mayo, en Madrid, ese es el enfoque con el que trabajamos: ofrecer la reconstrucción más adecuada para cada caso y acompañar a la paciente antes, durante y después de la cirugía.

Tel/whatsapp: +34 620 482 200. consultas@institutojesuslago.com

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Dr. Jesús Lago

Dr. Jesús Lago Oliver es cirujano general y del aparato digestivo, con doble especialidad en Medicina Legal y Forense. Licenciado en Medicina y Cirugía por la UCM (1994) y Doctor en Medicina y Cirugía con sobresaliente “cum laude” por la misma universidad (2003), completó la residencia MIR en el Hospital General Universitario Gregorio Marañón (1995–1999), centro en el que ejerció desde octubre de 2009 hasta 2017. Posee el Máster en Cirugía Estética (URJC, 2013) y Máster en Gestión Sanitaria (2000–2001). Su práctica clínica y docente se centra en cirugía bariátrica y metabólica, cirugía estética y de género. Fue director gerente del Hospital del Sureste (2007–2009) y ha sido subdirector/codirector y profesor en programas de posgrado de URJC, UCM y UAH; entre 2014 y 2017 fue profesor de Anatomía Humana en la URJC. Autor de más de 30 publicaciones, coautor de manuales sobre banda gástrica y preparación MIR. N.º de colegiado: 282847547. Afiliaciones destacadas: AEC, SECO, SEEDO, Sociedad Española de Cirugía Estética, SETIO (presidente) e IFSO. Perfil de Doctoralia

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